El resultado no es un informe genérico, sino una hoja de ruta con prioridades claras y mejoras rápidas identificadas desde el primer día. El método tiene cuatro fases: conocer, evaluar, priorizar y transformar.
Los 10 puntos
- Escuchar. Reunión con dirección, equipos y usuarios clave antes de proponer nada.
- Procesos. Mapear tareas repetitivas y cuellos de botella donde la IA aporta valor real y medible.
- Datos. Qué información existe hoy, en qué estado y qué haría falta para usarla con IA.
- Herramientas actuales. Uso real de Copilot, Claude, Excel y Power Automate: no lo que se compró, sino lo que se usa.
- Casos de uso de IA. Dónde el impacto es medible y realista, no dónde suena mejor en una presentación.
- Formación y adopción. Nivel de manejo del equipo, resistencias al cambio y brechas de competencias.
- Presupuesto. Inversión actual, su distribución y el margen real para un proyecto de IA.
- Territorio y contexto. Infraestructura, conectividad y la realidad de operar en entorno rural o urbano.
- Madurez digital. Nivel de digitalización de base: sin esto claro, sumar IA solo añade complejidad.
- Hoja de ruta priorizada. Plan concreto con mejoras rápidas primero, indicadores y responsables.
Qué obtienes
Visión clara, decisiones informadas, riesgos reducidos, inversión optimizada, un equipo más capaz y un negocio preparado para crecer.
«No se trata de tener más tecnología. Se trata de tomar mejores decisiones, con visión completa y aplicada a tu territorio.»